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Neptuno ( Cuento de Liliana Arendar )

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  •         Paola, aún adormilada en la tibieza de su manta, miró el cielo azul despejado de la primavera. Con muy buen humor se levantó con la idea de hacer algo distinto ese fin de semana. Por su mente pasaron los recuerdos, como una ráfaga, de un lugar que había visitado una vez.
  •        Paola evocó, con placer, el recorrido que hizo llevando en sus manos un plano de la ciudad, por las calles de adoquines y lajas quebradas que habían traído los portugueses. Pensó al ver la gente que vivía en esas casas viejas con la pintura cuarteada y sus puertas de madera corroída que seguramente por dentro, ellos las habían modernizado. Se detuvo en las esquinas para mirar las farolas.
  •        Recordó el café doble que le habían servido en loza azul, en un bar colonial frente a una iglesia. Se acordó de aquel hombre anciano y medio borracho que estaba sentado cerca de ella. Y cómo él se lamentaba de que se habían llevado a otra iglesia su santo preferido. También evocó que al salir del bar fue a la plaza central y se sentó en un banco bajo un naranjo en flor. Al caer la tarde recorrió el paseo de los artesanos, donde compró el anillo de plata que aún llevaba puesto.
  •       Paola se levantó y decidió que quería volver a Colonia como aquella vez. Reservó un pasaje por teléfono y preparó un bolso con pocas cosas.
  •       Embarcó sin dejar de pensar en su viaje y ocupó un asiento junto a una ventana. Contempló ese río quieto con su belleza melancólica que tenía frente a sus ojos y la ciudad que dejaba inundada de un azul crepuscular.
  •        El barco se alejó con un toque de sirena largo, se despidió con una sonrisa y se aletargó en su asiento.
  •       Una mujer se sentó a su lado pesadamente, lo que obligó a Paola a enderezarse. Miró por la ventana tratando de ignorarla.         
  •     De pronto ella sintió una mano apoyada en su antebrazo.
  •     --Hola soy Ema, - le dijo la mujer que se había sentado.
  •     Paola retiró el brazo y la miró sin comprender. Sus recuerdos aún flotaban vaporosos alrededor de su conciencia.
  •  --¿Viaja sola? - le preguntó la mujer con una sonrisa de labios pintados de ciruela y arrugas alrededor de los ojos, tostadas por el sol.
  •   Paola eludió contestar, de su bolso sacó un libro.
  •    --Disculpe, señorita, ¿qué lee?- insistió la mujer.
  •    Paola torció la cabeza para mirar el río caudaloso. Trató de pensar las palabras con que iba a contestar. Daría cualquier cosa para que esta mujer se callara, pensó.
  •      -- ¿Y usted cómo se llama?
  •      --Paola.
  •      --Le pregunté si viaja sola porque me gustaría charlar.
  •      --Sí, viajo sola.
  •      --¿Se queda en la ciudad?- le dijo la mujer volviendo a apoyar su mano en su antebrazo.
  •      Paola molesta con ese gesto, cerró el libro.
  •      --Sí, me quedo.
  •      --¿Es la primera vez que va?
  •       --No.
  •       --Entonces podría ser mi guía, yo sola me pierdo en todas partes. ¿En qué hotel piensa alojarse?
  •      Paola guardó el libro y se puso un caramelo en la boca antes de contestarle.
  •      --En el Neptuno.
  •      --Qué casualidad- dijo la mujer- ¿Si no le molesta podríamos compartir una habitación?
  •      --Disculpe, pero viajo con la idea de estar sola.
  •      --Bueno, pero el resto del día me encantaría estar con vos. ¿Te puedo tutear, no?
  •     Paola miró con alivio a la camarera cuando interrumpió con un café. La mujer sacó un lápiz color ciruela de su cartera y se retocó los labios.
  •     --¿Te imaginás Paola?- dijo la mujer-. Estar juntas todo el día. Te voy a contar la historia de mi vida.
  •     -- Mire, señora.
  •     --No me digas señora, soy Ema.
  •     --Yo viajo sola porque quiero estar sola -Paola miró a su interlocutora como advirtiéndole que no bromeaba.
  •    La mujer bajó al fin la vista y jugó con los dijes de una pulsera durante un rato. Luego levantó su mirada y le dijo;
  •     --Vamos, Paola, ningún ser humano quiere estar solo y menos una mujer tan linda como vos.
  •     Paola sintió que la voz de la mujer sonaba a cosa definitiva, a decisión tomada. En ese momento el barco se balanceó, entonces ella echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos simulando estar mareada.
  •      Al arribar al puerto, Paola subió los escalones de la planchada de dos en dos sosteniéndose de la baranda. Sobre su cuerpo pesaban el vaivén del barco y esa mujer que iba detrás de ella sin parar de hablar.
  •      Se apuró para salir de la aduana después de presentar su documentación.
  •     -- Esperame ¿Adónde vas?
  •     --Al baño.
  •     --Te acompaño, vamos juntas. -  Le dijo la mujer con un gesto apaciguador de la mano.
  •     Paola se desprendió con suavidad y entró al baño seguida por la mujer. Se lavó las manos y le dijo con su mejor sonrisa;
  •   --Ema , te espero afuera, voy a comprar una revista y cigarrillos.
  •   --Bueno, pero no te alejes mucho, ¿eh?
  •   Paola corrió al mostrador de ventas de pasajes y se embarcó de regreso. Partió con la idea de volver algún otro fin de semana. Se llevó con ella la imagen de esa ciudad enaltecida por los recuerdos.

ISBN: 987-554-000-5

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Comentarios Neptuno ( Cuento de Liliana Arendar )

en mi tarde perdida
huyo volando de los vientos
en esta tarde perdida
vuelo escapando del sol
buscando la luna en el infinito
tarde perdida de dia agotador
porque no te encuentro
noche de ilusiones
porque en cada estrella
que me guia a la eternidad del firmamento
espero encontrar tu aliento
                                                            LOKI...
luis 06/05/2008 a las 00:36

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