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Navidades en familia

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   A Jorge le resulta difícil escribir acerca de animales, no obstante ser un gran periodista y narrador. Desde hace más o menos siete años intenta plasmar un cuento sobre los perros, pero no puede aunque nunca le pasó nada con uno. Lo que él no recuerda, es algo que le sucedió cuando tenía cuatro años.
    Vivía en un campo con sus padres. Una vez, le trajeron como regalo un cabrito recién nacido. Jorge lo crió a biberón y lo adiestró con paciencia. El cabrito lo seguía a todos lados y lo esperaba al mediodía junto a la tranquera cuando él volvía de la escuela. Se hicieron inseparables. Sólo faltaba que durmiera en su habitación, pero sus padres no se lo permitían. En las vísperas de navidad, la familia viajó a Buenos Aires para festejar con los parientes.
    El día del viaje, Jorge se levantó muy temprano porque quería explicarle a Prudencia como cuidarlo. Lo nombró pero el animal no acudió a su llamado, lo buscó por todas partes sin resultado. Se puso a llorar cuando su papá le dijo que seguramente lo habían robado por la noche.
    Pasó las fiestas muy triste pese a que se encontraba en la casa de sus primos preferidos.
    Ni bien regresaron al campo, su papá le trajo otro. Le llevó tiempo reponerse y amaestrarlo. Lo cuidaba más que al anterior, por la noche lo recluía bajo llave en un cobertizo especial que su padre le había ayudado a construir.
    Llegó diciembre. Esta vez, ante el pedido de Jorge que no quería dejar a su cabrito, decidieron invitar a la familia de Buenos Aires a pasar la navidad en el campo, además tenían lugar de sobra para albergar a todos.
    El veinticuatro a la mañana, Jorge fue al cobertizo y encontró la puerta rota, su cabrito no estaba. Gritó de tal modo que sus padres se asustaron, no tenía consuelo. Su mamá intentó calmarlo, aseguró que iban a hacer todo lo posible para encontrarlo. Su papá lo abrazó lamentándose por no haberse levantado en la noche cuando escuchó ruidos, supuso que era el viento golpeando contra las ventanas. Pero que no se preocupara, le dijo, porque él iba a salir con la camioneta a fin de traerlo sano y salvo.
    Llegaron los invitados. Si bien sus primos trataron nuevamente de consolarlo, Jorge permanecía como ausente y cada tanto sollozaba. Prudencia preparó el asado y una vez que estuvo listo, se sentaron en el quincho. Jorge, en silencio, miraba su plato. De pronto se levantó de golpe y fue a la parrilla.
    A los dieciocho años, Jorge se trasladó a Buenos Aires y desde entonces no volvió al campo. Ve esporádicamente a sus padres, que ya están muy viejos.
    Pero por más que intenta escribir sobre animales, su mente no le responde.

Liliana Arendar

 

 

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