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Melodrama ( Cuento de Liliana Arendar)

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  •    Me gusta estar enamorada. Esto es lo que me sucede, no hago nada en especial para que me ocurra. Siempre fue así.
  •    Todavía recuerdo la voz de Oscar Pasco mientras mamá planchaba en la cocina. No me despegaba de la radio, concentrada, con una taza de chocolate caliente. Me enamoré y sufrí un amor desesperante. Quise ir a conocerlo a la radio pero ninguna amiga aceptó acompañarme, por eso me enojé con todas. En una pared de mi habitación había pegado sus fotos recortadas de las revistas, por las noches las miraba y me dormía acalorada. A veces le preguntaba cosas a mi mamá. Ella siempre tenía las mismas respuestas: que no pensara en los hombres para no pasar por su mala experiencia y que la angustia sobre el sentido de la vida se hace más llevadera si nos entretenemos. Era y es cómodo creerlo. Mamá tenía una gran capacidad para descartar las preguntas o las informaciones molestas. De esa forma esquivé mi urgencia adolescente, juvenil y madura. A decir verdad, me acostumbré a no salir mucho; además, no me gusta andar sola por la calle, excepto para hacer alguno que otro mandado.
  •      Cuando en 1950 comenzaron las telenovelas a la hora del té con Joaquín Bernal, no me perdí ninguna, hasta ahora, lástima que mi mamá no vivió para verlas. Desde entonces me las arreglé para subsistir sin demasiados lujos, salvo cambiar el televisor cada tres años. Hice un esquema de mi vida que mantuve hasta ahora.
  •      A las nueve de la mañana prendo la radio y escucho a ese locutor tan dulce. Siempre habla de los sueños pasados y presentes, cuenta historias, recita poesías con sentido sensual y romántico. Siento que su voz ondula por toda la casa, es tan melodiosa que hasta mis plantas se mueven al escucharlo. Mi respiración se suaviza y quedo como hipnotizada con los ojos clavados en la radio.
  •     Ni hablar  cuando el otro día leyó un poema que decía;
  •     "Por sobre todas las cosas amo
  •      tu alma.
  •      A través del velo de tu carne la veo brillar
  •      en la oscuridad.
  •      Me envuelve.
  •      Me satura.
  •      Me transforma.
  •      Me hechiza."
  •      Llamé a la radio, quería compartir con él ese momento pero el teléfono estaba ocupado. Entonces me cambié para ir personalmente y me pinté los ojos. Cuando estuve lista, y eso que me apuré, su voz ya se despedía del programa.
  •      A la una, cambio el dial y escucho a otro locutor. Con él, por suerte, pude hablar una vez. Me agradeció el llamado con esa voz tan recia y me pidió opinión sobre el programa. Al escucharlo se me aflojaron las piernas, tuve ganas de decirle que su voz me hacía vibrar hasta enloquecer. Sólo le dije: su programa es muy bueno. Cuando me preguntó mi nombre, le mentí por vergüenza. A éste lo escucho hasta las dos, porque empiezan las novelas.
  •      Entonces me siento en la cocina frente al televisor y no me despego salvo para prepararme un mate. Apoyo los codos sobre la mesa y sostengo el mate mientras ellos se besan. Los miro, puedo adivinar los gestos que van a hacer. A veces la bombilla queda salada por el llanto y el mate tibio de tanto apretarlo. En las propagandas aprovecho para ir al baño. Los conozco a todos. Cuando me voy a dormir también los tengo en las revistas. Es como si trabajaran para mí sola. Estoy segura. Lo sé, porque siento como si me vieran.
  •      Ni bien termina la novela, cambio el canal para no perderme el comienzo de la otra. Sigo el hilo de todas, sin confundirme.
  •      A las cuatro me vuelvo loca ayudando a formar parejas. Me divierto aunque a veces me pone triste que estén tan solos. Me da envidia que se animen a ir. Me gusta verlos sonrientes y maquillados. Yo no me atrevo. Y tiemblo cuando el conductor me mira y me invita a participar. Le digo que no, que por ahora no puedo ir. Y cambio la yerba apurada por ver a mi amor de las cinco.
  •      En general no me gusta la novela de las seis. Él es ciego, además lo tratan mal. Estoy segura de que si yo lo tuviera en mi casa, mi actitud hacia él sería distinta. Pero igual la veo porque quiero esperar el momento en que recupere la vista.
  •      A las siete es un aburrimiento. Siempre hay gente leyendo noticias. Entonces aprovecho para ducharme y comer algo. Y plancho. Me gusta repasar todos los días mis camisas y polleras, por las dudas. Y además preparo la cena y el almuerzo para el otro día. Y me tengo que apurar y estar lista a las nueve en punto para sentarme y esperar con una copa de guindado a mi último amor. A éste lo prefiero porque por las noches todo es más romántico. Enamorada, me voy a la cama.

ISBN: 987-554-000-5

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Comentarios Melodrama ( Cuento de Liliana Arendar)

Hi ,Liliana
Thanks for your confidance you had in me ,,to give me your blog,,I just started reading a few things as you know sometimes i have a hard time  interpreting spanish,,so it may take a while to read ,,I was really glad to see you the other night ,,it was a big surprise to see you ther ,a very pleasant one at that ,,
Merlin Merlin 23/04/2008 a las 00:01
atame amor a los recuerdos
de los minutos vividos
atame a los sueños que penden
de tus parpados dormidos
atame a cada letra de tu nombre
fuertemente
atame con lazos de luna
a tu luz de sueños
no me dejes volar en tu alma
solo atame
al amanecer en tu espalda
                                                     LOKI...
luis 23/04/2008 a las 01:46
megusta
carlos carlos 27/04/2015 a las 23:42

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