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Madres ( Cuento )

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  •      Soplaba el viento sur. El aire gélido y la amenaza de lluvia no acobardaron a la mujer envuelta en una capa verde, que como todos los lunes, salió de su casa apurada y le hizo señas a un taxi. Se acomodó y sin mirar al chofer le dio la dirección.
  •      --Bruto frío- dijo el hombre al tiempo que arrancaba veloz, pero en mitad de la cuadra tuvo que frenar bruscamente, un chico cruzaba corriendo delante del auto. Por unos momentos el taxista estuvo callado, nervioso, concentrado.
  •      Ella hubiera deseado que siguiera en silencio aunque sabía que no lo conseguiría. En efecto a los pocos minutos el hombre empezó a hablar.
  •      --Yo no tengo hijos- dijo él-. Mi padre nos abandonó cuando yo era chico. Mi madre nos tuvo que criar sola a mí y a mis tres hermanos.
  •      La mujer se movió incómoda en el asiento sin darle pie para que continuara la conversación. El hombre examinó a su pasajera por el espejo retrovisor y notó su impaciencia. Sus silencios lo animaron a hablar más.
  •      --Pobre vieja, trabajó hasta los setenta años. Ahora está enferma.
  •      El taxi paró en un semáforo, un muchacho flaco, con gorra, se acercó formando pantalla con una mano para evitar el reflejo de la ventanilla y con la otra deslizó un volante de propaganda. El taxista arrugó el papel y lo arrojó a la calle.
  •      --Siempre tuvo que hacer milagros para darnos de comer y comprarnos de vez en cuando alguna ropa o algún par de zapatillas. Hubo muchos días en que pasamos hambre.
  •      El hombre hizo una pausa para tomar agua mineral.
  •      --Yo la quiero bastante - continuó- pero creo que nunca pude decírselo. Teníamos tantos problemas que no nos quedaba tiempo. Sin embargo, cuando ella no me veía, yo la miraba y sentía no sé qué, algo así como una emoción que no era lástima, sino una mezcla de cariño y también de rabia por verla todavía joven, tan acabada, por un castigo que no se merecía.
  •      La mujer lo escuchaba como a través de una niebla. Miraba las calles por la que había pasado tantas veces en los últimos meses, sabiendo que eran los mismos barrios, sólo el coche era diferente, sólo el taxista era diferente, pero lo que la esperaba al final del camino era igual o peor.
  •      --Mi hermano- continuó el hombre- tiene un taller mecánico con catorce empleados, gana muy bien, aunque el pobre tiene su cruz, su mujer está internada en un manicomio. Mi única hermana dijo que se haría cargo de la vieja acá en Bs. As, pero para cuidarla quería un poder para cobrar su jubilación. Me negué, seguro que iba a abandonarla en un geriátrico de mala muerte y se iba a quedar con la plata.
  •      A la mujer le pareció sentir un dolor. Miró el reloj y confirmó sus temores. Si el taxista no se apuraba iba a llegar tarde para el horario de visitas. Si ella hablara, pensó, si ella le contara, qué sucedería, qué pensaría de ella.
  •      --Mi hermano, el potentado - continuó-, había dicho que había que ponerle a la vieja una señora para cuidarla, pero eso sale mucha plata. Entonces decidimos poner un poco cada uno y cuando llegó el momento todos se hicieron los osos. Yo la ayudo comprando como puedo, le llevo harina, yerba, azúcar, esas cositas. Pero ella vive en Azul.
  •      La mujer sacó un caramelo de su cartera y guardó el papelito en un bolsillo. El hombre giró la cabeza rápidamente para mirarla y siguió hablando.
  •      --Yo vivo con mi mujer que es divorciada. Tiene una hija del otro marido, por lo menos una hija tuvo.
  •      El hombre prendió un cigarrillo y al arrancar aspiró profundo.
  •      -- Ahora su hija está separada y sus hijos viven con los abuelos paternos. Yo quiero mucho a los nietos de mi mujer aunque la hija es medio tarambana. Por eso, al fin y al cabo, tener hijos a veces no sirve para nada.
  •      La mujer se sintió sofocada y abrió su capa. El hombre se calló un momento y luego preguntó, aspirando el cigarrillo;
  •      -- ¿Y usted va a trabajar?
  •      La mujer dudó en contestar, finalmente dijo,
  •      --Voy a ver a mi madre.
  •      -- La madre es lo mejor, la mía todavía mira la vida con los ojos bien abiertos, porque ni la miseria ni los golpes ni siquiera el hambre, consiguieron nunca doblegarla. Yo trato todos los días de convencer a mi mujer para ir a vivir a Azul. Un hijo tiene necesidad de una madre, una madre no puede estar sin su hijo. ¿Se imagina lo que es estar abandonada en la vejez y sujeta al cuidado de extraños?
  •      La mujer se sintió de pronto bañada en sudor. Recordó aquel día, los esfuerzos que hizo para sacar a su madre del asiento posterior del taxi y el lento viaje hacia la puerta. La gente entraba y salía, su mamá indefensa en medio de aquél tráfico humano. Recordó cuando ella entró en la recepción donde encontró una silla de ruedas vacía y se la llevó ante la mirada recelosa de una enfermera. Luego ayudó a su mamá a sentarse y la empujó por el vestíbulo en dirección al ascensor. Su mamá no estaba ni dormida ni despierta, reclinada en medio de su sopor y al borde de la inconsciencia. Recordó cuando la empujó por el largo pabellón hasta llegar a su habitación. Las enfermeras solícitas cuando la recibieron e invisibles cuando pulsaba el timbre para llamarlas.
  •      Recordó aquel hombre en el jardín poblado de árboles que se acercó una tarde y le dijo qué linda debe haber sido su mamá. Y ella la recuerda, era hermosa. Recordó que cada vez que era testigo de su desnudez sentía un escalofrío: sus miembros enflaquecidos, su cuerpo reducido.
  •      La mujer trató de alejar ese dolor que la asaltaba; las imágenes. Se sacó la capa y pensó que lo único que le faltaba era cargarse con más culpas.
  •      -- Mi vieja - continuó- es buena y nunca la voy a internar. Ella vive con mi hermano menor. No sé por qué, pero usted me hizo recordar a mi hermana, por eso cuando subió al taxi yo sentí que tenía que contarle todo esto.
  •      La mujer le dijo que se detuviera y se bajó en una esquina cualquiera. A pesar del frío no le importó caminar hasta el geriátrico.

ISBN: 987-554- 000-5

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Comentarios Madres ( Cuento )

Hola me gustaria saber donde puedo conseguir este libro gracias www.a1empresarial.com
MICHAEL MICHAEL 02/06/2008 a las 20:22

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