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Jardín de invierno

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Llega el invierno. Espléndido dictado
me dan las lentas hojas
vestidas de silencio y amarillo.

Soy un libro de nieve,
una espaciosa mano, una pradera,
un círculo que espera,
pertenezco a la tierra y a su invierno.

Creció el rumor del mundo en el follaje,
ardió después el trigo constelado
por flores rojas como quemaduras,
luego llegó el otoño a establecer
la escritura del vino:
todo pasó, fue cielo pasajero
la copa del estío,
y se apagó la nube navegante.

Yo esperé en el balcón tan enlutado,
como ayer con las yedras de mi infancia,
que la tierra extendiera
sus alas en mi amor deshabitado.

Yo supe que la rosa caería
y el hueso del durazno transitorio
volvería a dormir y a germinar:
y me embriagué con la copa del aire
hasta que todo el mar se hizo nocturno
y el arrebol se convirtió en ceniza.

La tierra vive ahora
tranquilizando su interrogatorio,
extendida la piel de su silencio.

Yo vuelvo a ser ahora
el taciturno que llegó de lejos
envuelto en lluvia fría y en campanas:
debo a la muerte pura de la tierra
la voluntad de mis germinaciones.

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Comentarios Jardín de invierno

inviereno que de hojas amarillas
pueblas tus paisajes
regaladas por el otoño
que se fue pensando en ti
nieve fria y calida
que de mojart mis pies
compites con mis mejillas
en esas lagrimas que la recorren
recordandote
invierno de soledades acompañadas
esperando la calidez del sol de primavera
ese tu perfume de tu piel en mi boca
ese nacer del perfume de las flores en el
ese perfume confundido
entre las que nacen en primavera
ese del confundir tu ya invierno terminado
ese discutir de perfumes
tratando de olvidar
de el en mi cama
                                      luis maria
luis maria 30/05/2008 a las 03:48

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