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Enamm 2009 Carpe Diem

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  •  Nos reunimos a festejar la vida. Encontré en cada uno de ustedes la mirada  sonriente y los afectos que nos unió siempre. Transitamos por algunas horas el camino de la magia. Había tanta calidez que imaginé que estábamos alrededor de un fogón mientras  Juan Carlos entonaba acompañado de su guitarra.
  • Compartimos con dos profesores los encantamientos del día. Otro profesor nos envió palabras que voy a transcribir.
  • Muchas gracias queridos amigos, sigamos............

 

Querida amiga , perdida y hermosamente reencontrada gracias a los encantamientos que sucedían (y siguen sucediendo en las travesías de los bosques):

  Ayer tarde tuve que recaer en manos (y agujas, siempre hay pinchazos) del especialista en columna por esta ciática que cada tanto viene a visitarme y a recordarme los años. Por suerte la perspectiva es como la de otras veces: esperar y el dolor se irá retirando. Pero me prohibió hacer el viaje. Por otra parte, sé que sería, en estos días, físicamente doloroso.

  Hay otro dolor, el de no verlos, no compartir en presencia este reencuentro prestigiado además por los míticos cincuenta años. Y por eso quiero llegar a ustedes, los que fueron mis alumnos directos en el recordado Quinto Primera, los que lo fueron a través de colegas queridos en el vecino Quinto Segunda, en una Escuela lamentablemente hoy descuidada, como tantas cosas de nuestro país.

  Hoy habrá alegrías y nostalgias en los reencuentros. Nostalgia de aquellos días, víspera de separaciones hacia distintos rumbos después de haber compartido años juntos. Alegrías por los sueños de futuro que se abrían para cada uno. Algunos se habrán realizado más o menos como lo proyectaban; otros, de otra manera; varios de manera no esperada entonces. Así es la aventura de vivir, siempre imprevisible. “Aventura” viene de ad-ventura. “Ventura” es una forma verbal latina de futuro que significa “las cosas que han de venir”; y “ad” es una preposición que indica “hacia”. Aventura es lo que viene a nosotros del futuro sin que sepamos con seguridad qué es (¡este Goyo Romero siempre pesado con su atención a las palabras!; pero vos, Liliana, por vocación y destino también lo sos).

   Para cada uno de nosotros, este momento estará mezclado de “aquello” y “ahora”. “Aquello”, hermoso, para revivirlo en la emoción de los “reencuentros”: con “lo que fuimos”, y con “los que fuimos”. Y ojalá estemos llenos de nostalgias: decía Ortega y Gasset que quien crece en edad y no crece en nostalgias no merece haber vivido, porque nadie tiene nostalgias de un dolor de muelas. “Ahora”, en el “encuentro” con lo que somos hoy. La imprevisible, maravillosa y turbadora vida nos ha traído cosas hermosas, distintas para cada uno: familia, satisfacciones laborales y profesionales, nuevos sueños vividos y por vivir. También dolores y ausencias de quienes nos acompañaron en el camino de la vida y se fueron antes, dejándonos por compañía el “hueco cariñoso y doloroso de su ausencia”.

  Pero creo que es obvio seguir diciendo estas cosas que todos ustedes han vivido y viven intensamente. Lo que quiero es estar de alguna manera hoy entre ustedes otra vez y de otra manera. El paso de los años ha  ido erosionando la diferencia que nos separaba en aquel 1959 y que creaba esa relación entre una “persona mayor” (lo de “mayor” me da risa viéndolo desde esta altura de la vida) y lo muy jóvenes que ustedes eran (eso sí, me emocionaron las fotos que fueron incorporando al Sitio de los Egresados 1959). Hoy el “profesor Romero” es, y quiere ser para ustedes, Goyo: otro más de aquella hermosa promoción, un amigo.

  Vivamos con intensidad este encuentro. Brindemos por lo que fuimos, por lo que somos, por seguir soñando futuros en la imprevisible aventura de vivir. Mi brindis, a distancia, abarcándolos a todos en un abrazo de amigo, es:

      Que sigan soñando futuros. Y que sean felices. La felicidad se encuentra siempre agazapada en algún o algunos momentos de cada día; ya lo había dicho Borges, poco antes de morir, y “aun sabiendo que moriría pronto”):

“Al cabo de los años he observado que la belleza, como la felicidad, es frecuente. No pasa un día en que no estemos, un instante, en el paraíso”. Y agrego modestamente que no es difícil encontrar esos instantes: pueden estar no sólo en cosas nuevas, sino en la cotidiano y aparente repetido, si decimos con él (otra vez las citas literarias de este Romero incorregible):

He dicho asombro de vivir, donde otros dicen solamente costumbre

 

Goyo Romero

 

 

    

       

 

 

  

 

 

 

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