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Casinos

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  •    Deambular por distintos casinos del mundo significó una gran experiencia para él.
  •     Un invierno visitó Venecia y se hospedó en el Lido, famoso balneario del Adriático. En el hotel le indicaron que había un casino en el Palazzo Vendramin- Calergi, lugar donde falleció Richard Wagner.
  •     Navegó en un vaporetto por canales bordeando mansiones renacentistas hasta el Palazzo construido en 1509. Al entrar, observó salones lujosamente ornamentados de la época más gloriosa de Venecia.
  •     Pocos jugadores rodeaban una mesa de ruleta y le llamó la atención que los números se anunciaran en francés. Debido a que las apuestas eran demasiado elevadas y que la suerte no lo acompañaba, se aproximó a un juego de bacará. Miró como un hombre acertaba a la banca en tres oportunidades, sus ganancias sumaba el equivalente a ochenta mil dólares. El tallador le preguntó si iba a continuar, el hombre afirmó con la cabeza y apostó todo. El tallador repartió las cartas. Otro participante que jugaba contra la banca descubrió un nueve, el hombre miró sus cartas y las arrojó sobre la mesa. Imperturbable, abandonó el salón de juegos.
  •     Solía observar, en casinos populares, como fulleros robaban fichas de otro jugador.
  •     En Montecarlo entró a una sala especial de ruleta donde los participantes jugaban sentados. No permitían curiosos ni tampoco hablar en voz alta. El croupier solicitó las apuestas y dijo:
  •      --Faites le jeu, messieurs. Rien ne va plus.
  •      Él se sentó y puso dos fichas al 17.
  •       -- Le jeu est fait - dijo el croupier.
  •      La ruleta giró y la bollilla cayó en el solitario 36.
  •      Los casinos de Estados Unidos permanecían abiertos las veinticuatro horas. En los hoteles todo se centraba en las salas de juego, paso obligado para cualquier actividad.
  •      En el balneario de Atlantic City los hoteles lujosos tenían salida a la rambla de madera lustrada frente al mar. Mujeres y hombres entraban y emergían de las salas de juego con vasos de papel cargados de monedas.
  •       Recordó un motel-casino en Nevada donde los jugadores seguían con los pies el ritmo de una banda musical country.  
  •      Se acordó del hormigueo de fuego que sintió en Las Vegas. Una mujer, que jugaba al lado de él, acertó un premio de cien mil dólares con tres monedas. Y de las talladoras, hermosas, sonrientes y aleccionadas para atraer clientes y velar por los intereses del negocio. 
  •      Una noche en Puerto Rico merodeaba entre las mesas de blackjack con sus últimos veinte dólares, sin saber qué hacer. Como en todo casino privado los empleados lo invitaban a apostar. Se decidió por uno y se sentó en su mesa. El empleado espiaba sus cartas y le sugería cuando aumentar la apuesta. Ganó mucho dinero, deducidas las propinas. Fue la única vez que le sucedió algo así en su larga vida de jugador.
  •      En Estoril quedó maravillado al conocer un complejo muy moderno con casinos, restaurantes, cines y salas de conferencias. Observó, por primera vez, jugadores que formaban largas colas para intentar suerte en máquinas de video póquer.
  •     Aún recuerda los casinos de: Colonia del Sacramento, Uruguay y el de Puerto Varas, Chile. Únicos lugares en el mundo donde autorizaban entrar a los niños junto a sus padres y se saludaban con los empleados como si fueran familia.  
  •      Al amanecer persistían los jugadores recalcitrantes, resignados a perder o ganar. Después abandonaban las salas de juego con la idea de buscar revancha al día siguiente.
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